domingo, 6 de diciembre de 2009


DOCTRINA DE TERESITA DEL NIÑO JESUS.

Mi vocación. El Amor:
¡Ah, perdóname, Jesús, si desvarío al exponer mis deseos, mis esperanzas, que rayan en lo infinito! Perdóname, ¡¡¡ y cura mi alma dándole todo lo que espera !!!...
Ser tu esposa, ¡oh, Jesús!, ser carmelita, ser por mi unión contigo madre de las almas, debería bastarme... No es así... Ciertamente, estos tres privilegios constituyen mi vocación: Carmelita, Esposa y Madre.
Sin embargo, siento en mí otras vocaciones: Siento la vocación de GUERRERO, de SACERDOTE, de APÓSTOL, de DOCTOR, de MÁRTIR. Siento, en una palabra, la necesidad, el deseo de realizar por ti, Jesús, las más heroicas acciones...
Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir sobre un campo de batalla por la defensa de la Iglesia...
Siento en mí la vocación de SACERDOTE. ¡Con qué amor, oh, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajaras del cielo!... ¡Con qué amor te daría a las almas!... Pero, ¡ay! Aun deseando ser sacerdote, admiro y envidio la humildad de san Francisco de Asís, y si siento la vocación de imitarle rehusando la sublime dignidad del sacerdocio.
¡Oh, Jesús, amor mío, vida mía!... ¿Cómo hermanar estos contrastes? ¿Cómo realizar los deseos de mi pobrecita alma?...
¡Ah! A pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas, como los profetas, los doctores.


Tengo la vocación de apóstol... Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre, y plantar sobre el suelo infiel tu Cruz gloriosa. Pero ¡oh, Amado mío!, una sola misión no me bastaría. Desearía anunciar al mismo tiempo el Evangelio en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas...
Quisiera ser misionero, no solo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguir siéndolo hasta la consumación de los siglos...
Pero desearía, sobre todo, ¡oh, amadísimo Salvador mío!, derramar por ti hasta la última gota de mi sangre...

¡El martirio! He aquí el sueño de mi juventud. Este sueño ha ido creciendo conmigo bajo los claustros del Carmelo... Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no podría limitarme a desear un solo género de martirio... Para satisfacerme necesitaría padecerlos todos...
¡Oh, Jesús mío!, ¿qué responderás a todas mis locuras?... ¿Hay, acaso, un alma más pequeña, más impotente que la mía?... Sin embargo, fue precisamente esta mi debilidad la que te movió, Señor, a colmar mis pequeños deseos infantiles, y la que te mueve hoy a colmar otros deseos míos más grandes que el universo...

Como estos deseos constituían para mí durante la oración un verdadero martirio, abrí un día las epístolas de san Pablo, a fin de buscar en ellas una respuesta. Mis ojos toparon con los capítulos XII y XII de la primera epístola a los corintios...

Leí, en el primero, que no todos pueden ser apóstoles, profetas, doctores, etc.,,,; que la Iglesia está compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no podría ser, al mismo tiempo, mano...

La respuesta era clara, pero no colmaba mis deseos, no me daba la paz...
Así como Magdalena, agachandose, sin apartarse del sepulcro vacío, llegó por fin a encontrar lo que buscaba, así también yo, agachándome hasta las profundidades de mi nada me elevé tan alto, que conseguí mi intento... Sin desanimarme, seguí leyendo, y esta frase me reconfortó: "Busquen con ardor los DONES MAS PERFECTOS; pero voy a mostrarles un camino más excelente." Y el apóstol explica cómo todos los dones, aún los más PERFECTOS, nada son sin el AMOR... Afirma que la caridad es el CAMINO EXCELENTE que conduce con seguridad a Dios.

Había hallado, por fin, el descanso... Al considerar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o mejor dicho, quería reconocerme en todos...

La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no le faltaría el más necesario, el más noble de todos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que este corazón estaba ARDIENDO de AMOR.

Comprendí que sólo el amor era el que ponía en movimiento a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegara a apagarse, los apóstoles no anunciarían ya el Evangelio, los mártires se negarían a derramar su sangre...

Comprendí que EL AMOR ENCERRABA TODAS LAS VOCACIONES, QUE EL AMOR LO ERA TODO, QUE EL AMOR ABARCABA TODOS LOS TIEMPOS Y TODOS LOS LUGARES... EN UNA PALABRA ¡QUE EL AMOR ES ETERNO!...
Entonces, en el exceso de mi alegría delirante, exclamé: ¡Oh, Jesús, amor mío!... Por fin, he hallado mi vocación, ¡MI VOCACIÓN ES EL AMOR!...

Sí, he hallado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, ¡oh, Dios mío!, vos mismo me lo habéis dado...: en el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor!...¡¡¡Así lo seré todo... así mi sueño se verá realizado!!!...

¿Por qué hablar de alegría delirante? No es esta la expresión justa. Es más bien la paz tranquila y serena del navegante al divisar el faro que ha de conducirle al puerto...
¡Oh, faro luminoso del amor! Yo sé cómo llegar hasta ti. He hallado el secreto para apropiarme tu llama...

Pero ¿cómo demostrará él (el pequeño niño que ella se consideraba) su amor, si el amor se prueba con obras? Pues bien, el niñito arrojará flores, perfumará con sus aromas el trono real, cantará con su voz argentina el cántico de amor...

¡Oh, Amado mío, así es cómo se consumirá mi vida!... No tengo otro modo de probarte mi amor que arrojando flores, es decir, no desperdiciando ningún pequeño sacrificio, ninguna mirada, ninguna palabra, aprovechando las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor...
Sí, esas nadas te complacerán, harán sonreír a la Iglesia triunfante, la cual recogerá mis flores deshojadas por amor y las hará pasar por tus manos divinas, ¡oh, Jesús!
Y una vez que esas flores hayan cobrado a tu divino contacto un valor infinito, la Iglesia del cielo, queriendo jugar con su niñito, las arrojará, también ella, sobre la Iglesia paciente para apagar sus llamas, las arrojará sobre la Iglesia militante para hacerla conseguir la victoria...Historia de un Alma. Manuscrito B: Capítulo IX.


INVITATORIO
[Con el Salmo 94 y la siguiente Antífona]
Ant. Venid, adoremos al Señor Dios nuestro, que se revela a los pequeñuelos.

Oficio de lectura
Himno

Tras las espinas, las rosas;
tras las rosas, las espinas.
Y un corazón de divinas
transparencias amorosas.
En la sencillez las cosas
toman altura de cielo,
florecen en luz y en vuelo
de granazón de trigales.
¡ Dios esparcido a raudales
en tanto afán y desvelo!

Teresa, fiel miniatura
de Dios, fragancia encendida,
lámpara frágil y herida,
sencilla y divina hechura,
en nuestra larga andadura,
lluévenos tu claridad.
Si el amor es santidad
Y si amor dolor se llama,
escucha la voz que clama
desde su limpia humildad. Amen.

Salmodia

Ant.1. Tu misericordia me acompaña todos los días de mi vida.

Salmo 22
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mi
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitare el la casa del Señor
por años sin término.

Ant.1 Tu misericordia me acompaña todos los días de mi vida.

Ant.2 Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
Salmo 102
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
el rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.

Ant.2 Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

Ant. 3 El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo Salí de Dios.

II
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra.

Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Ant. 3 El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo Salí de Dios.

V Lámpara es tu palabra para mis pasos.
R Luz en mi sendero.

PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,12.27-31-13

Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro

Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo.
Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte. Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, degobierno, diversidad de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con arisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos? ¡Aspirad a los carismas superiores! Y aún os voy a mostrar un camino más excelente.
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda a ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial uestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.
Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido Ahora subsisten a fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.

Responsorio Jn 12, 32; Ct 1,3ª
R. Cuando yo sea ensalzado sobre la tierra * Atraeré a todos hacia mi.
V. Llévanos contigo, correremos tras el olor De tus perfumes. *Atraeré

Segunda lectura
De los manuscritos autobiográficos de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia (M.S.B. fol 3r-v)

En el corazón de la Iglesia yo seré el amor

Como estos mis deseos me hacían sufrir durante la oración un verdadero martirio, abrí las cartas de san Pablo con el fin de buscar una respuesta. Y mis ojos se encontraron con los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios... Leí en el primero que no todos pueden ser apóstoles, o profetas, o doctores, etc...; que la Iglesia está compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. ... La respuesta estaba clara, pero no colmaba mis deseos ni me daba la paz...

Seguí leyendo, sin desanimarme, y esta frase me reconfortó: «Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor... Y ue la caridad es ese camino inigualable que conduce a Dios con total seguridad.

Podía, por fin, descansar... Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos... La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor.Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre... Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amorlo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares... En una palabra, ¡que el amor es eterno...!

Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío..., al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor...! í, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado... En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré todo... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad...!!!

Responsorio Sal 30,8
R. Sea, Señor mi gozo y mi alegría * Tu misericordia.
V. Te has fijado en mi aflicción, velas por mi vida en peligro * Con su misericordia.
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O bien:

De los Manuscritos autobiográficos de Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia. (M.S.C Fol. 11 vº-12rº)
Gracia de comprender lo que es la caridad

Dios me ha concedido la gracia de comprender lo que es la caridad. Es cierto que también antes la comprendía, pero de manera imperfecta. No había profundizado en estas palabras de Jesús: «El segundo mandamiento es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Yo me dedicaba sobre todo a amar a Dios. Y amándolo, comprendí que mi amor no podía expresarse tan sólo en palabras, porque: «No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de Dios».

Y esta voluntad, Jesús la dio a conocer muchas veces, debería decir que casi en cada página de su Evangelio. Pero en la última cena, cuando sabía que el corazón de sus discípulos ardía con un amor más vivo hacia él, que acababa de entregarse a ellos en el inefable misterio de la Eucaristía, aquel dulce Salvador quiso darles un mandamientos nuevo. Y les dijo, con inefable ternura: os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, que os améis unos a otros igual que yo os he amado. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros.

¿Y cómo amó Jesús a sus discípulos, y por qué los amó? No, no eran sus cualidades naturales las que podían atraerle. Entre ellos y él la distancia era infinita. El era la Ciencia, la Sabiduría eterna; ellos eran unos pobres pescadores, ignorantes y llenos de pensamientos terrenos. Sin embargo, Jesús los llama sus amigos, sus hermanos. Quiere verles reinar con él en el reino de su Padre, y, para abrirles las puertas de ese reino, quiere morir en una cruz, pues dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Madre querida, meditando estas palabras de Jesús, comprendí lo imperfecto que era mi amor a mis hermanas y vi que no las amaba como las ama Dios. Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades,en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa.

Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a todos los que están en la casa, sin exceptuar a nadie.

Responsorio Jn 13, 34-35
R. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. *Como yo os he amado.
V. La señal por la que conocerán que sois mis discípulos, será que os amáis unos a otros * Como yo os he amado


Oficio de Vigilia

Ant. Floreced como el lirio, exhalad perfume suave Y entonad cánticos de alabanza.

Cántico I Is. 61, 10-62,3

Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone le corona,
o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.

Cántico II Is 62,4-7

Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

Sobre tus murallas, Jerusalén,
he colocado centinelas;
ni de día ni de noche
nunca callan;
los que se lo recordáis al Señor
no os déis descanso.

No le déis descanso,
hasta que la establezca,
hasta que haga de Jerusalén
la admiración de la tierra.

Cántico III Si 39,17-21a

Oídme, hijos piadosos, y floreceréis
como rosal que crece junto al arroyo.

Derramad suave aroma como incienso,
floreced como el lirio,
exhalad perfume suave
y entonad cánticos de alabanza.

Bendecid al Señor en todas sus obras,
ensalzad su nombre
y uníos en la confesión de sus alabanzas,
en cantar con vuestros labios y las arpas.
Alabadle asi con alta voz:
“Las obras del Señor son todas buenas”

Ant. Floreced como el lirio, exhalad perfume suave Y entonad cánticos de alabanza

EVANGELIO Jn 17, 17-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo,Jesús dijo:
-Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos."

O bien
Jn 15, 1-13
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Himno Te Deum
Oración como en Laudes
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Laudes

Himno

Aromar nuestra tierra en la fragancia
de Dios, en una lluvia florecida,
regresamos al sueño de la infancia,
niños de Dios, y el alma estremecida:

Fue tu anhelo, Teresa. Entre los brazos
del Padre Dios subir hasta el asombro
y la miel de su amor y sus abrazos,
niños sobre la curva de su hombro;

En abandono audaz y en confianza,
en pequeñez tan alta de estatura,
que el corazón alcance la esperanza
de lograr del amor la misma altura.

Niños de Dios, nuestra humildad ansia
la lluvia celestial de tus rosales.
Haz que una nueva primavera ría
en la reseca piel de los eriales. Amen

Salmodia

Ant.1 Mi alma esta unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Salmo 62, 2-9
Oh Dios, tú eres mi Dios,por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca,agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Ant.1 Mi alma esta unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Ant.2 Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Cántico Dn 3, 57-88.56

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Al fin de este cántico no se dice Gloria al Padre

Ant.2 Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ant. 3 El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Salmo 149
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Ant. 3 El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

LECTURA BREVE Rm 8, 14-17

En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados.

Responsorio Breve Is 66,12bc

R. Yo haré derivar hacia ella, * Como un río, la paz. Yo haré
V. Como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.* Como un río. Gloria al Padre. Yo haré.

Ant. Benedictus: Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Preces
Pidamos a Cristo, El Señor, que nos dio en Teresa un modelo de vida evangélica, y digámosle confiadamente: Te rogamos, óyenos.

Señor, que dijiste: “El que tenga sed que venga a mi y beba”,
-danos una ardiente sed de tu amor.

Señor, que dijiste: “Si no volvéis a ser como niños, no entrareis en el reino de los cielos”,
-Haznos sencillos de corazón a la hora de amarte.

Señor, que dijiste :”Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”,
-inspíranos confianza filial en tu misericordia.

Señor, que dijiste “El que cumpla la voluntad de mi madre ese entrara en el reino de los cielos”,
-enséñanos a observar fielmente tus mandamientos.

Señor, que dijiste; “Os aseguro que cuanto hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”,
-ilumina nuestros ojos y abrasa nuestro corazón para que, a lo largo de este día, te veamos y teamemos en todos los hermanos.

Señor, que dijiste: “La mies es abundante, pero los trabajadores pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”
-enciende en nosotros el mismo espíritu misionero que ardió en el corazón de Teresa.

Padre nuestro...

Oración

Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos; concédenos la gracia deseguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús para que nos sea revelada, por su intercesión, la gloria eterna. Por nuestro Señor.